¿España país de dopados? ¿Garzón prevaricación?

Es fácil dejarse llevar por los medios de desinformación (incluidas las redes sociales) para tomar rápida e insconcientemente partido por algo.

Últimamente ha ocurrido con los guiñoles franceses sobre el dopaje en España (teniendo en cuenta el reciente caso Contador, que en mi opinión, es inocente) y también con la condena a Garzón por prevaricación.

Una foto, un titular, un tuit… y metafóricamente salimos a la calle con antorchas y porras dispuestos a reclamar JUSTICIA y solicitar HORCA A LOS CULPABLES.

En el caso del video humorístico: joder, es humor. El humor blanco no siempre tiene gracia, y aunque a veces joda, siempre hay algo en el gag, el chiste, la viñeta,… que sale perjudicado. Entre lo que se está haciendo en España y el comportamiento de los musulmanes por las famosas viñetas de Mahoma, no hay ninguna diferencia.

Ninguna.

Con el asunto de Garzón… creo que es más que recomendable leer dos artículos para saber de qué se está hablando.

Para que un juez prevarique no es preciso que dicte una resolución que él piensa que es injusta, es decir que se aparte de su propia subjetividad. Al contrario, lo capital es que se aparte de su función como juez que aplica e interpreta la norma. Hace años algunos defendieron el llamado uso alternativo del derecho: un juez debería pensar qué es justo y luego adaptar la ley a su concepto de justicia —normalmente “progresista”—. Esta teoría permitía que el juez se apartase de la voluntad del legislador. Sin embargo, el concepto de juez democrático es antitético de lo anterior y se deriva de la necesidad de subordinación del juez al derecho vigente que emana de los órganos democráticos. Esta posición lleva a una consecuencia: el juez prevaricador es el que aplica la norma para fines diferentes de los pensados por el legislador o más allá de sus límites.

[…]

¿Lo hizo Garzón? Para responder a esta pregunta, no hay nada mejor que la conclusión a este artículo: si se generaliza la interpretación de Garzón, cualquier juez podrá ordenar la escucha de las conversaciones del abogado y su cliente en prisión con el único requisito de que existan indicios sólo respecto del cliente de que pueda continuar con su actividad delictiva. Si esta interpretación es razonable, un juez puede adoptarla aunque sepa que puede que luego sea revocada.

Tsevan Rabtan — ¿Conoce usted sus derechos?

Si consideramos que Garzón se equivocó, y hay razones para así considerarlo, la consecuencia es, simplemente, que las pruebas obtenidas son ilícitas y, por tanto, inválidas. Pero de ahí a concluir que ha prevaricado media un trecho injustificable. El delito de prevaricación consiste en dictar conscientemente –”a sabiendas”– una resolución judicial contraria a la ley. Para ello es preciso que tal resolución sea manifiestamente irrazonable, sin justificación ni argumento jurídico que la sustente. Hemos visto que en este caso ello no es así: los criterios de Garzón son acogidos por otros jueces, fiscales, tribunales internacionales de derechos humanos y sectores doctrinales.

El derecho no es una ciencia exacta y el legislador debería modificar las leyes para ser más claro en este punto y no ocasionar confusión. Es probable que Garzón se equivocara, como tantas veces otros tantos jueces pero, por el mero hecho de equivocarse, un juez no incurre en un delito de prevaricación. Si así fuera, todos los jueces serían delincuentes.

Francesc de Carreras — Equivocarse no es delito

¿Es Garzón culpable, inocente?

Si es culpable, ¿merece esa pena, cuando un más que evidente culpable de la trama Gürtel Francisco Camps, ha sido declarado inocente por un jurado popular?

Epílogo: El poder legislativo aspira al ideal de la Justicia.

La legislación al final ofrece resultados así de proporcionales: Tres meses de prisión por intentar vender 10 entradas falsas del Viñarock. Y eso sí que jode.