“El capitalismo es como un tren sin frenos que se acelera cada vez más. Camina, sin duda, hacia al abismo. Pero este abismo no es, como muchos marxistas imaginaron, su fin inevitable, que dará paso al socialismo. No, el capitalismo rueda vertiginosamente hacia el agotamiento de los recursos ecológicos, hacia la destrucción de este planeta, que sobrevendrá quizá con rapidez, por un desastre nuclear, o quizá más gradualmente, por una quiebra ecológica irreversible. Sería un gravísimo error, por tanto, comparar la revolución comunista con un tren en marcha o con un motor capaz de acelerar las fuerzas de la historia. Estas metáforas fueron una de las más grandes meteduras de pata de la tradición marxista. En realidad es todo lo contrario, tal como señaló hace ya mucho tiempo un filósofo marxista llamado Benjamin: lo que está fuera de control es, precisamente, el capitalismo, y el socialismo no es otra cosa que el freno de emergencia.”